Un arroz pasado pierde su textura, se vuelve pegajoso y puede arruinar un plato. La buena noticia es que, controlando unos cuantos detalles, resulta mucho más fácil conseguir el punto que buscas, tanto en un arroz blanco como en un arroz seco o meloso.
Elige el arroz adecuado
No todos los arroces absorben el líquido de la misma manera. El arroz bomba resiste bien la cocción en paellas y arroces secos; el arroz redondo es habitual en muchas recetas tradicionales y el basmati funciona muy bien como guarnición. Ajusta el tiempo y la cantidad de líquido a la variedad y a la receta.
Controla el líquido y el tiempo
Evita añadir agua o caldo a ojo: mídelo según el tipo de arroz, el recipiente y la técnica de cocción. Empieza a comprobar el grano unos minutos antes del tiempo orientativo indicado por el fabricante. Prueba un grano: debe ofrecer la textura buscada, sin un centro duro ni exterior deshecho.
No lo remuevas innecesariamente
En un arroz seco, remover continuamente libera almidón y puede alterar la textura. En cambio, un risotto se trabaja de otra manera porque precisamente buscamos cremosidad. Adapta el movimiento a la preparación.
Ten en cuenta el calor residual
El arroz puede seguir cocinándose después de apagar el fuego. Retíralo cuando esté prácticamente en su punto y respeta únicamente el reposo breve que requiera la receta. Si es arroz blanco hervido en abundante agua, escúrrelo en cuanto esté listo.
¿Y si ya se ha pasado?
No recuperará su textura original, pero puedes aprovecharlo en unas tortitas de arroz, una sopa espesa o un relleno. Si el arroz está muy húmedo, extiéndelo con cuidado para detener la cocción antes de reutilizarlo.
El truco clave: comprobar el punto antes de que termine el tiempo y no confiar solo en el reloj.


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