Pollo al chilindrón aragonés: receta tradicional con pimientos y tomate

Pollo al chilindrón aragonés con pimientos rojos y verdes y salsa de tomate en una fuente

El pollo al chilindrón es un clásico de la cocina aragonesa: piezas de pollo doradas y guisadas lentamente en una salsa de pimientos, tomate, cebolla y ajo. La verdura se cocina hasta quedar melosa, sin nata ni espesantes. Es uno de esos platos que agradecen el pan y saben incluso mejor después de un breve reposo.

Nuestra versión utiliza muslos y contramuslos con hueso para conseguir carne jugosa, además de un poco de jamón serrano opcional. La clave no es añadir muchos ingredientes, sino respetar tres momentos: dorar el pollo, concentrar el sofrito y terminar la cocción a fuego suave. Con una cazuela amplia y productos corrientes obtendrás un guiso completo para cuatro personas.

Tiempo, raciones y dificultad

  • Raciones: 4 personas.
  • Preparación y corte: 15 minutos.
  • Dorado del pollo: 10 minutos.
  • Sofrito de verduras: 20 minutos.
  • Guisado final: 30 minutos; reposo: 5 minutos.
  • Tiempo total aproximado: 80 minutos (algunas tareas se solapan).
  • Dificultad: fácil. Utensilios: cazuela con tapa, cuchillo, tabla y termómetro de cocina.

Ingredientes para cuatro personas

  • 1,2 kg de muslos y contramuslos de pollo troceados, con hueso.
  • 1 pimiento rojo grande (220 g), limpio y sin semillas.
  • 1 pimiento verde italiano (140 g), limpio.
  • 1 cebolla mediana (180 g), pelada.
  • 3 dientes de ajo (12 g), pelados.
  • 450 g de tomates maduros rallados, o 400 g de tomate natural triturado.
  • 70 g de jamón serrano en dados pequeños, opcional.
  • 100 ml de vino blanco seco; alternativamente, 100 ml de caldo de pollo sin sal.
  • 45 ml de aceite de oliva virgen extra.
  • 1 hoja de laurel, opcional.
  • Pimienta negra, sal moderada y perejil fresco al gusto.
  • 50–100 ml de agua caliente, solo si es necesario durante la cocción.

Cómo hacer pollo al chilindrón paso a paso

  1. Prepara las verduras. Lava los pimientos y tomates. Corta la cebolla en pluma fina, los pimientos en tiras de un centímetro y el ajo en láminas. Ralla los tomates, descartando la piel. Reserva todo por separado para añadirlo en el momento adecuado.
  2. Prepara el pollo. Retira restos de plumas, seca las piezas con papel de cocina y añade pimienta y una pizca de sal. No laves el pollo crudo bajo el grifo. Usa utensilios distintos para la carne y las verduras, y lávate las manos después de manipularlo.
  3. Dora por tandas. Calienta el aceite a fuego medio-alto en una cazuela amplia. Marca las piezas unos 4–5 minutos por cada lado, hasta que estén doradas por fuera. No hace falta cocinarlas del todo. Si no caben holgadamente, haz dos tandas y resérvalas.
  4. Pocha cebolla y ajo. Reduce el fuego a medio y retira grasa si sobra. Cocina la cebolla 6–7 minutos, removiendo para que se ablande sin quemarse. Incorpora el ajo durante el último minuto: debe perfumar el aceite sin tomar un color oscuro.
  5. Cocina los pimientos. Añade las tiras rojas y verdes y rehógalas de 8 a 10 minutos. Remueve ocasionalmente; buscamos verduras flexibles que conserven algo de textura. Si se agarran al fondo, añade una cucharada de agua en vez de más aceite.
  6. Reduce el tomate. Incorpora el tomate rallado, el laurel y el jamón si lo utilizas. Cocina destapado 8–10 minutos, hasta que el tomate pierda parte de su agua y la salsa espese. Prueba el sofrito antes de devolver el pollo crudo; ajusta la sal con prudencia.
  7. Desglasa. Vierte el vino y rasca suavemente el fondo con una cuchara de madera para incorporar los jugos dorados. Deja hervir dos minutos. Si prefieres no emplear vino, sustitúyelo por caldo sin sal; cocinar con vino no elimina necesariamente todo su alcohol.
  8. Guisa el pollo. Devuelve las piezas y sus jugos a la cazuela. Tapa parcialmente y cocina 25–30 minutos a fuego medio-bajo, con un hervor suave. Dales la vuelta a mitad de tiempo. Añade pequeñas cantidades de agua caliente si se seca; destapa al final si queda muy líquido.
  9. Comprueba y reposa. Introduce un termómetro en la parte más gruesa, sin tocar el hueso: el pollo debe alcanzar al menos 74 °C. Retira el laurel, comprueba la sal de la salsa y deja reposar cinco minutos. Sirve con perejil si te gusta.

Trucos para que la salsa quede perfecta

No amontones el pollo al dorarlo: si la cazuela está demasiado llena, soltará agua y perderás el sabor tostado. Tampoco aceleres el sofrito subiendo mucho el fuego; la cebolla y los pimientos necesitan tiempo para ablandarse. Corta los pimientos de grosor similar y utiliza tomates maduros. Si la salsa queda ácida, prueba a reducirla unos minutos más antes de añadir azúcar.

El jamón aporta intensidad y sal, por lo que conviene salar poco al principio. Si quieres una salsa con tropezones, déjala tal cual: es lo tradicional. Si prefieres una textura más fina, tritura una pequeña parte de las verduras cocinadas y vuelve a mezclarla con el resto, sin convertir todo el guiso en un puré.

Variantes y con qué acompañarlo

Puedes emplear pollo entero troceado y ajustar el guisado al tamaño de cada pieza. Para una versión sin cerdo, elimina el jamón y aumenta ligeramente el pimiento rojo. Si usas pimientos previamente asados, incorpóralos más tarde para que no se deshagan. El vino se puede sustituir por caldo, pero no añadas demasiado líquido: el chilindrón debe quedar en salsa, no como una sopa.

Combina de maravilla con arroz blanco, patatas cocidas o pan rústico. Si te gustan los guisos tradicionales de ave, visita nuestro pollo en pepitoria. Para aprovechar pimientos y tomate, prueba también el pisto manchego. Y, si buscas otra receta de cuchara, aquí tienes las patatas a la riojana.

Conservación y recalentado

Reparte las sobras en recipientes poco profundos y guárdalas en la nevera a 4 °C o menos antes de que pasen dos horas. Es preferible consumir el guiso en tres días; las guías de seguridad alimentaria sitúan el límite general de sobras cocinadas refrigeradas en tres o cuatro días. Para más tiempo, congela porciones cerradas durante dos o tres meses por calidad.

Descongela siempre en el frigorífico, no sobre la encimera. Calienta solo la ración necesaria hasta alcanzar 74 °C en el centro, removiendo la salsa para repartir el calor. Si ha espesado demasiado, añade una cucharada de agua. Evita calentar repetidamente toda la cazuela.

Alérgenos y seguridad alimentaria

La preparación básica no contiene necesariamente gluten, huevo, leche ni frutos secos, pero revisa las etiquetas del jamón, el caldo y cualquier ingrediente preparado. El vino puede contener sulfitos y dejar alcohol residual incluso después de cocinarse. Para personas que deban evitarlo, utiliza caldo sin vino.

El pollo crudo puede contener Salmonella o Campylobacter. No lo laves, evita el contacto de sus jugos con alimentos listos para comer y limpia tablas, cuchillos y superficies después de manipularlo. Comprueba siempre los 74 °C internos con termómetro; el color de la carne por sí solo no garantiza la cocción. Enfría pronto las sobras y recaliéntalas completamente.

Fuentes consultadas

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