La ensaimada mallorquina es una de las piezas más reconocibles de la repostería balear: una espiral dorada, ligera y de miga fibrosa que se deshace en capas finas. Su nombre procede de «saïm», manteca de cerdo en mallorquín, ingrediente fundamental para conseguir su textura característica. Esta versión casera sin relleno está pensada para cuatro ensaimadas medianas y exige paciencia, especialmente durante la fermentación final. No es una receta rápida, pero sí una elaboración que se puede organizar de un día para otro.
Ficha de la receta
- Raciones: 4 ensaimadas medianas (unas 8 porciones pequeñas).
- Dificultad: media-alta; el estirado de la masa requiere práctica.
- Preparación y amasado: 35–45 minutos.
- Primer reposo y formado: 60–90 minutos.
- Fermentación final: 8–12 horas, variable según temperatura y actividad de la levadura.
- Horneado: 15–20 minutos; enfriado: 30 minutos.
- Tiempo total orientativo: 11–15 horas, de las que menos de dos son de trabajo activo.
Ingredientes exactos
- 500 g de harina de fuerza, preferiblemente de buena capacidad de absorción.
- 190 ml de agua a temperatura ambiente.
- 100 g de huevo batido sin cáscara (aproximadamente 2 huevos medianos; pesar para mayor precisión).
- 110 g de azúcar blanco.
- 5 g de levadura fresca de panadería.
- 7 g de sal fina.
- 200 g de manteca de cerdo blanda, no derretida, para extender.
- 10 ml de aceite suave para engrasar la mesa y las manos.
- 25 g de azúcar glas para terminar.
Conviene utilizar una báscula digital: pequeñas variaciones de agua y harina cambian mucho la elasticidad. La manteca debe estar cremosa, de manera que pueda repartirse sin romper la lámina de masa. La levadura fresca no es levadura química de repostería; ambas cumplen funciones distintas y no son intercambiables. Si utilizas levadura seca de panadería, consulta la equivalencia indicada por el fabricante.
Cómo hacer ensaimada mallorquina paso a paso
- Prepara los ingredientes. Pesa la harina, el huevo batido y el resto de componentes. Reserva la manteca a temperatura ambiente hasta que se pueda untar. Comprueba que la levadura está dentro de su fecha de uso y prepara dos bandejas amplias con papel de horno.
- Mezcla la masa. Disuelve la levadura en parte del agua y viértela en un bol con el huevo, el azúcar y el agua restante. Incorpora la harina y la sal. Mezcla hasta que no queden zonas secas y deja reposar diez minutos para facilitar la hidratación.
- Amasa con paciencia. Trabaja durante unos 15–20 minutos, alternando amasados breves y descansos si lo haces a mano. Debe quedar una masa lisa, extensible y relativamente firme. Comprueba que puedes estirar una pequeña porción hasta formar una membrana fina sin que se desgarre inmediatamente. Evita añadir harina a puñados.
- Deja descansar y divide. Forma una bola, tapa y deja reposar unos 45–60 minutos. No es imprescindible que duplique el volumen en esta fase. Divide en cuatro porciones iguales y redondea suavemente; deja que se relajen otros 10 minutos antes de estirarlas.
- Estira cada porción. Engrasa ligeramente una superficie limpia y amplia. Aplana primero con rodillo y después, con los dedos y las manos aceitadas, estira con cuidado desde el centro hacia fuera hasta obtener una lámina muy fina, casi translúcida. Si se retrae, espera cinco minutos y continúa.
- Unta y enrolla. Reparte unos 50 g de manteca blanda sobre cada lámina, procurando cubrir toda la superficie. Enrolla desde el lado largo para obtener un cilindro fino. Deja reposar cinco minutos y alarga el cilindro con movimientos suaves, sin aplastarlo.
- Forma la espiral. Coloca el cilindro sobre la bandeja formando una espiral holgada. Deja espacio entre las vueltas porque la masa crecerá. Repite con las otras porciones y sepáralas bien para que no se peguen durante la fermentación.
- Fermenta lentamente. Cubre las bandejas sin apretar, para evitar que se seque la superficie. Deja fermentar aproximadamente entre 8 y 12 horas en un lugar templado, sin calor excesivo que derrita la manteca. Más importante que el reloj es observar ensaimadas visiblemente hinchadas, aireadas y ligeras. Si la cocina está fría, el proceso puede durar más.
- Hornea y termina. Precalienta el horno a 175–180 °C, calor arriba y abajo. Hornea unos 15–20 minutos, vigilando desde el minuto 12, hasta que estén doradas y cocidas en el centro. Si usas dos bandejas, hornéalas por tandas para controlar mejor el resultado. Pásalas a una rejilla y deja enfriar antes de espolvorear el azúcar glas.
Claves para que queden ligeras y con capas
El primer secreto es desarrollar suficiente gluten. Una masa poco amasada se rompe al intentar estirarla, mientras que una masa trabajada en exceso o demasiado seca se vuelve difícil de manejar. Los reposos intermedios relajan la estructura y ayudan a extenderla. La película de manteca debe quedar fina y uniforme: no se busca incorporar la grasa al interior de la masa mediante un amasado, sino separarla en capas durante el enrollado.
El segundo secreto es la fermentación final. Las horas son orientativas, pues dependen de la temperatura, el tamaño de las piezas y la actividad de la levadura. Una ensaimada que todavía se vea compacta necesitará más tiempo; una pieza sobrefermentada puede desinflarse al moverla. Evita colocarla cerca de radiadores o sobre un horno muy caliente: la manteca se fundiría antes de tiempo. Tampoco aprietes las vueltas de la espiral.
Variantes y acompañamientos
La ensaimada lisa, sin relleno, permite apreciar especialmente la textura. Si deseas una versión con cabello de ángel, reparte un cordón fino sobre uno de los bordes de la lámina antes de enrollar; ajusta la cantidad para que el relleno no impida la expansión. También existen versiones con sobrasada y preparaciones rellenas de crema o nata, aunque estas últimas requieren refrigeración estricta. Para el desayuno, basta con café con leche o chocolate caliente. No sustituyas la manteca por mantequilla esperando un resultado idéntico: cambiarán el sabor y el laminado.
Conservación, alérgenos y seguridad alimentaria
La ensaimada lisa está mejor el día de su elaboración. Cuando esté completamente fría, guárdala en una bolsa o recipiente limpio, bien cerrado, en un lugar fresco y seco, y consúmela preferiblemente en 24–48 horas por calidad. También puedes congelar las piezas ya frías, bien envueltas, y descongelarlas sin abrir el envoltorio hasta que pierdan el frío. Si añades crema, nata u otros rellenos perecederos, consérvalos refrigerados a 4 °C o menos y no los dejes a temperatura ambiente durante periodos prolongados.
Contiene gluten (trigo) y huevo. La receta tradicional utiliza manteca de cerdo y, por tanto, no es vegetariana ni apta para personas que evitan productos porcinos. Comprueba los ingredientes del azúcar glas y los posibles alérgenos por contaminación cruzada en los productos envasados. Manipula el huevo crudo con utensilios limpios, evita probar la masa sin cocer y hornea hasta que el centro esté hecho. No mantengas rellenos perecederos fuera del frigorífico durante más de dos horas; con calor intenso, reduce aún más ese margen.
Fuentes consultadas y recetas relacionadas
Para contrastar proporciones, estirado y fermentación se han consultado Recetas Mallorquinas (https://www.recetasmallorquinas.es/2020/05/ensaimada.html), El Forner de Alella (https://elfornerdealella.com/ensaimada-de-mallorca/) y la fórmula de Araceli Conty (https://araceliconty.com/ensaimada-mallorquina/). Para conservación y manipulación se han revisado las recomendaciones de la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria (https://acsa.gencat.cat/es/Publicacions/guies-i-documents-de-bones-practiques/documents-de-bones-practiques/el-tractament-termic-es-fonamental-per-garantizar-la-seguridad-de-los-alimentos/index.html) y AESAN (https://aesan.gob.es/seguridad-alimentaria/higiene-alimentos). Los tiempos y cantidades aquí indicados son una adaptación doméstica y pueden variar con el horno y la temperatura ambiente.
Si te apetece explorar más bollería casera, prueba también nuestra receta de roscón de Reyes, los sobaos pasiegos tradicionales o la coca de vidre catalana. Son tres formas distintas de trabajar masas dulces y descubrir texturas regionales.


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